sábado, 14 de mayo de 2011

El hombre es un ser finito, consciente de esta finitud a la cual teme y que a pesar de esta perturbación, afronta este dilema y se cuestiona sobre ello. Prueba de esto son todos los libros que se hallan de filosofía en donde se puede encontrar un sinnúmero de intentos del hombre por comprender su verdadero propósito en el mundo.

Es evidente que la autognosis constituye el máximo propósito de la indagación de todo filósofo. El hombre ha buscado incansablemente la forma de volcar todo conocimiento científico sobre sí mismo, con el fin de encontrar una ciencia que se defina como el arquetipo para el descubrimiento y entendimiento del mismo hombre; aun cuando dichos conocimientos han ido surgiendo, en muchos casos, de la misma búsqueda por el entendimiento del verdadero Ser, dígase historia, ciencias de la política, sociología, cosmología, biología, etc. Pero al hacer esto, el hombre va creándose una telaraña gigantesca de ideas y conceptos introspectivos que al final no terminan siendo más que una maraña que solo nos confunden mas y nos alejan cada vez mas de nuestro verdadero objetivo, el descubrimiento de nosotros mismos; por qué estamos aquí; cual es la verdad sobre el Ser.

Pero en la actualidad, nadie se pregunta por el Ser. Como escribiera Heidegger en su libro -Ser y tiempo - “el hombre olvida al Ser”. En el presente nos enfocamos en cosas cotidianas que nos distraen de esta idea. El estilo de vida contemporáneo nos ataca con una infinidad de medios que nos enajenan, y nos concentra en el dominio de lo cósico. Necesitamos deslindarnos de todo ese bullicio para lograr liberarnos realmente y, así, comenzar una verdadera búsqueda introspectiva.

En lo personal creo necesario que el hombre debe comenzar a ver a otros individuos como objetos de estudio, es decir, cosificar al sujeto, iniciar la búsqueda del Ser desde un punto ajeno a sensaciones y pensamientos terrenales, desde una situación más simple. Partir de puntos fisiológicos hasta llegar a la cosmogonía del ser humano. Ir creándonos una verdadera y más completa antropología filosófica.

Sin duda, no es posible concebir el pensamiento humano sin afrontar el problema del autoconocimiento. Incluso de niños nos llegamos a plantear dicha interrogante. Por ejemplo, en mi experiencia personal, cuando era apenas un niño de entre 8 y 9 años, me era cotidiano pensar que cavia la posibilidad de que yo llegase a ser el único ser real en todo el mundo y que todas las cosas y personas dependían de que yo las concibiera para así lograr su existencia; pasaba horas pensando por las noches, antes de conseguir dormirme, en qué había mas allá de lo que podía alcanzar a ver; qué es lo que me esperaba después de mi existencia en este mundo; cual era mi propósito de estar aquí. Estos cuestionamientos estuvieron durante mucho tiempo en mi cabeza hasta que fueron relegados gracias a las trivialidades de la vida moderna, permaneciendo de esta forma hasta pasada mi adolescencia, momento en el cual comencé ese desligamiento tan complicado de lo mundano, del cual hasta la fecha no he logrado salir ni un poco.

Hoy considero que todo hombre en algún momento de su vida debe pasar por un momento reflexivo de este tipo. Aunque tal vez no de una manera tan egocentrista. Sin embargo, considero de una importancia trascendental la idea de una dualidad obligada para la existencia del Ser. Es decir, la existencia forzosa de un ser consciente, un ser cognitivo que conciba la existencia de otro ser. Citando a al Zaratustra de Nietzsche -“¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!”-. Pienso que no tendría sentido la existencia de un individuo el cual no será contemplado ni sentido por otro sujeto, no habría razón para tal existencia. De esta forma también supongo que el hombre como sujeto, es el que da sentido y establece una relación a los objetos. Dicho de otra forma: una silla no tiene valor ni sentido alguno si no existe un sujeto que le dé un uso, sin embargo si un individuo aparece en escena, este hará un uso de esta silla y así le proporcionara un sentido.

Sócrates proponía: conócete a ti mismo y conocerás el universo. Pero, ¿Cómo responderemos a la pregunta de “¿Qué es el hombre?”, si de antemano tenemos la certeza histórica de que no sabremos cómo abordar este cuestionamiento? Cualquiera consideraría, tal vez hasta de manera inconsciente, el utilizar un método cartesiano para llegar a la respuesta. Como hombres nos hemos habituado a la duda como principio del pensamiento; nos rehusamos a aceptar todo lo que se nos propone; somos escépticos por naturaleza, generalmente por autodefensa y en la mayoría de los casos nos mostramos completamente desinteresados por temas como este. Preferimos vivir en la ignorancia con tal de no complicar nuestro paso por la vida, el cual, más que parecer un pasar, parece más un deslizamiento por esta. Vivimos de una manera por demás monótona. Trascurrimos los días entre banalidades y lo único que pedimos es que se nos presenten nuevas experiencias pero solo nos quedamos sentados a esperar por ellas.

No hemos encontrado aun un método introspectivo que realmente nos muestre un poco de lo que es el hombre. Nos topamos día a día con conceptos como behaviorismo, pragmatismo, formalismo, racionalismo, etc. Distintas escuelas filosóficas que aseguran tener consigo la verdadera antropología filosófica que nos permitirá este autoconocimiento y la respuesta a la pregunta fundamental de la vida. Pero ninguna de estas nos mantiene alejados de escepticismos.

Hasta hoy hemos asesinado a dios[1] y hemos asesinado al hombre[2] en nuestra búsqueda del autoconocimiento. Intentamos deshacernos de todos esos valores espirituales que nos mantenían bajo la imagen suprema de dios, la cual no nos permitía volver la mirada hacia los problemas y cuestionamientos de nuestro ser. Una vez que se nos atribuye la idea de “dios”, nos relegamos a ella. Toda acción que emprendemos esta de antemano ligada a esta idea, cada problema que tenemos lo encomendamos a la “voluntad de dios” y con esto solucionamos todo. Al negar a dios, el hombre, se encomienda no más que a los resultados de la vida y a su propio pensamiento, se vuelve un individuo y de esta forma es más posible que encuentre una solución a sus problemas de autognosis.

Así mismo, de manera paralela, tratamos de comenzar a olvidar la idea de encasillar al sujeto en la centralidad del pensamiento y como punto de partida del estudio epistemológico, para colocarlo como observador de él mismo, poner al sujeto estudiando al sujeto.

En lo personal considero que aun estamos muy alejados de encontrar un método eficaz para pensarnos, pese a toda teoría filosófica, por más impactante que nos parezcan, llámese: racionalismo, estructuralismo, pragmatismo, formalismo, behaviorismo, etc.

La naturaleza del hombre solo podemos concebirla, hasta hoy, como una mera ilustración, solo, y nada más que, una interpretación.



[1] Referente a la frase de Friedrich Nietzsche “dios ha muerto” de La gaya ciencia.

[2] Del libro de Las palabras y las cosas de Michael Foucault “el hombre ha muerto”.

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